viernes, 24 de octubre de 2008

Urraca enjaulada


Te veo y no lo creo. Estas ahí, adentro, en una sucia celda que ahora acomodas como tu nuevo hogar, mientras esperas, impaciente, el perdón de la sentencia. Te veo y no lo creo. La influyente conductora de televisión, la de los 80 mil dólares mensuales, la reina de los ampay, del chisme, la enemiga número uno de los peloteros convertida en una presidiaria más, vestida a rayas, escoltada tras una reja, enjaulada como una urraca. Te veo y no lo creo.
Magali, no eres santa de mi devoción, pero te confieso: he visto y me he reído viendo tu programa. Qué puedo decir, como a cualquier otro, he caído en la tentación del chisme. “Maaaaassss adelante…”, decía el avance del programa, anunciando el debacle de su próxima víctima, un futbolista o una artista tirándose una canita al aire. ¿Que qué me importa lo que hagan los demás? Nada. Solo que la curiosidad, esa que te está dando miles de dólares, pudo más.
Magali, si me lo permites, tengo unas preguntas para ti. Respóndeme, te lo pido. No tardarás mucho, te lo aseguro. Son simples preguntas. Sé que pasas un momento difícil, como cualquier reclusa, pero solo hazlo por este ex televidente tuyo.
Te pregunto si después de salir de la cárcel, volverías a hurgar en la vida de los demás. También si tus chacales seguirán día y noche a la jueza que te condenó. ¿Saludarás, conversarás o te harás amiga de Malú Costa? ¿Alguna reflexión te dejará estar en prisión? ¿Le pondrás esa misma sorna a tus comentarios? ¿Te medirás ahora?
Ya has dicho que no te rectificarás con la publicación sobre Paolo Guerrero. ¿Si lo volvieran a ver, le tomarían fotos? Y de Tula, se ha reído en tu cara. Gisela ha sido más sobria. ¿Vestirás a rayas en el reinicio de tu programa?
Magaly, ojalá salgas pronto. También soy periodista y me solidarizo contigo. No comparto tu trabajo, pero como colega te deseo lo mejor. Espero tu respuesta.

jueves, 23 de octubre de 2008

El caso Watergate


Él vio lo que otros no veían. Él encontró lo que otros no buscaron. Sin pretenderlo, él fue lo que otros querían ser. Le bastó su olfato periodístico, ese que, con el tiempo, se volvió más agudo. Pero no lo podía hacer solo. Bob Woodwar necesitaba a alguien más. Entonces apareció Carl Bernstien, un perfecto desconocido.
Ninguno sabía de política. No tenían fuentes y en la sala de Redacción del Washinton Post, el diario norteamericano más influyente, eran los menos reconocidos. Woodwar, incluso, estaba con un pié afuera antes de aquel 17 de junio de 1972, el día que cinco burócratas autodenominados anticomunistas fueron aprehendidos como ladrones en el edificio Watergate.
Su jefe le dijo ‘cubre esa noticia’, suponiendo que no pasaría de un mero robo, de esos que ocurren en cualquier parte del país. Woodwar no lo vio así. Le era extraño, muy extraño, que esos hombres de saco y corbata hayan entrado a robar. Así descubrió una estrecha relación del Gobierno y esos “anticomunistas”.
Escribió la historia a sus jefes, pero no le tomaban importancia. Bersntein leyó la nota. Lo reacomodó, le dijo que estaba mal redactada. Del recelo pasaron a la amistad. Sin mayores referencias iniciaron la búsqueda de información. Hablaron con uno y otro y empezaron a reunir evidencia: el presidente Richard Nixon estaba embarrado.
Los editores, que se resistían a creer a este par de novatos, les dieron confianza, apremio que ganaron gracias a ese agente al que apodaron “Garganta Profunda”, un misterioso personaje que les llevaba hacia el hilo de la madeja.
El Comité de Reelección de Nixon estaba cayendo. Toda una red de espionaje a los candidatos de oposición se había montado. Y no había reparos en sobornar y destinar millones de dólares para la sucia campaña. La orquesta había sonado y con resultados óptimos para Nixon. Pero no todo era perfecto.
Presionados por Woobwar y Bernstein, todos los hombres del presidente fueron hablando. El escándalo era cada vez mayor y se formó una comisión investigadora. Nixon se defendía. “No sé nada”, decía. Y el Washinton Post lo seguía delatando.
Pero no pudo más. El 24 de julio de 1974, la Corte Suprema acusó al presidente de obstruir las investigaciones judiciales, abuso de poder y ultraje al Congreso, y de haber utilizado a la CIA y el FBI con fines políticos. Estaba acorralado. El 8 de agosto de ese año renunció a la Casa Blanca. Fin a un gobierno de mentiras y espionajes.

miércoles, 8 de octubre de 2008

LAS MUJERES VENGATIVAS



VENGANZA NUMERO 1
Hoy mi hija cumple 21 años... y estoy muy contento porque es el último
pago de pensión alimenticia que le doy, así que llamé a mi hijita para
que viniera a mi casa y cuando llegó le dije:
- "Hijita, quiero que lleves este cheque a casa de tu mamá y que le
digas
que: ¡¡¡Este es el último maldito cheque que va recibir de mí en todo
lo que le queda de su puta vida!!! y quiero que me digas la expresión
que pone en su rostro". Así que mi hija fue a entregar el cheque. Yo
estaba ansioso por saber lo que la bruja tenía que decir y qué cara
pondría.
Cuando mi hijita entró, le pregunté inmediatamente:
- "¿Qué fue lo que te dijo tu madre?"
- "¡Me dijo que justamente estaba esperando este día para decirte que
no eres mi papá!"

VENGANZA NUMERO 2
Un hombre que siempre molestaba a su mujer, pasó un día por la casa de unos amigos para que lo acompañasen al aeropuerto a dejar a su esposa que Viajaba a París.
A la salida de inmigración, frente a todo el mundo, él le desea buen
viaje y en tono burlón le grita:
- ¡¡Amor, no te olvides de traerme una hermosa francesita Ja ja ja!!
Ella bajó la cabeza y se embarcó muy molesta.
La mujer pasó quince días en Francia.
El marido otra vez pidió a sus amigos que lo acompañasen al aeropuerto
a recibirla.
Al verla llegar, lo primero que le grita a toda voz es:
- Y amor ¿¿me trajiste mi francesita??
- Hice todo lo posible, - contesta ella - ahora sólo tenemos que rezar
para que nazca niña.

VENGANZA NUMERO 3
El marido, en su lecho de muerte, llama a su mujer. Con voz ronca y ya
débil, le dice:
- Muy bien, llegó mi hora, pero antes quiero hacerte una confesión.
- No, no, tranquilo, tú no debes hacer ningún esfuerzo.
- Pero, mujer, es preciso - insiste el marido - Es preciso morir en paz.
Te quiero confesar algo.
- Está bien, está bien. ¡Habla!
- He tenido relaciones con tu hermana, tu mamá y tu mejor amiga.
- Lo sé, lo sé ¡¡¡Por eso te envenené, hijo de puta!!!

VENGANZA NUMERO 4
Estaba una indita en un juzgado y el juez le pregunta:
- María, me han dicho que tú mataste a tu esposo.
- Is qui como qui lo maté y no lo maté, tábanos jugando.
- A ver, María, explícame eso.
- Is qui istaba lavando los calzonis di mi viejo y qui llega mi viejo,
agarra la cubeta dil agua y mi la avienta y mi dice:
"Cómo qui ti llovizna"
Intoncis qui mi enojo y agarro ditirjente.
Se lo aviento en la cara y li hago: " como qui ti neva!!!".
Intoncis qui agarra un puñu di piedras y mi hace: " como qui ti
graniza!" Y entoncis qui mi inojo más y agarro piedras y li hago:" como
qui ti graniza también!!!"
Dispuis agarra il látigo di su caballo y qui me hace: " como qui ti
rilampaguea!"
Intonsis qui mi agarra bien incabronada y como yo no traiba cinturón
qui agarro il machete y li hago...: ¡¡¡ZASSSSSS!!!... !! COMO QUI TI
PARTI UN RAYO MALDITO CABRON!!!!

El otro mar muerto



Quizá casi nadie reparó en este otro grave problema. O tal vez aún no lo comprenden. La playa El Dorado está muriendo y la seguirán matando como lo hicieron con la bahía chimbotana, aquella visitada en antaño por turistas extranjeros, pero que hoy se ha convertido –valga el término- en una letrina.
Acá no hay cámaras de bombeo o buzones que arrojen directamente millones de aguas residuales al mar. El enemigo es silencioso. Cual cáncer, nadie lo ve hasta que empiezan a verse los efectos y cuyo tratamiento es más que costoso, doloroso y, a veces, incurable.

LAS GAVIOTAS
Lleva ese nombre en alusión a las gaviotas del distrito de Nuevo Chimbote, que por cierto cada vez son menos. Está ubicado en la entrada de esta ciudad, en el sur, y comprende 6 lagunas. Fue construido hace 8 años, pero mejorada en el 2005 con el proyecto P-25, que amplió las redes de abastecimiento de agua y alcantarillado y aumentó la capacidad de almacenamiento de las lagunas ante una población 105 mil habitantes.
Las aguas residuales de Chimbote son conducidas a la laguna de estabilización Las Gaviotas, que luego son distribuidas en las lagunas primarias y secundarias. Lo lamentable es que los trabajos del proyecto P-25 se realizaron sin estudios de impacto ambiental y las consecuencias ya saltan a la vista.
Todos los desagües son arrojados directamente al arenal, deteriorando el suelo y el subsuelo del sector. Esta situación ha generado la infiltración y contaminación de la napa freática, provocando afloramiento de aguas subterráneas que derivan en la salinización de terrenos aledaños y su inservible uso para actividades agrícolas.
Según un estudio de la ONG ambientalista Ecofuturo, diariamente se vierten 30 mil metros cúbicos de aguas residuales en los arenales, lo cual ha ocasionado, refiere la organización, un nuevo humedal en la Pampa Anconcillo, entre los humedales de Villa María y el aeropuerto, cerca de “El Dorado”.

MUERTE LENTA
Debido al tiempo de existencia de las aguas residuales en las lagunas de estabilización, sumado a los factores de diseño y condición de las mismas, los afloramientos han llegado al balneario El Dorado y ello ha desencadenado en un problema mayúsculo: la eutrofización.
¿Qué es eso? Es cuando las aguas se enriquecen en nutrientes como nitrógeno y fósforo y que a primera vista parecería bueno porque así podrían vivir más fácil los seres vivos, pero la situación no es tan sencilla. El problema es que si hay exceso de nutrientes, crecen en abundancia las plantas y otros organismos.
Más tarde, cuando mueren, se pudren y llenan el agua de malos olores y le dan un aspecto nauseabundo, disminuyendo drásticamente su calidad. El proceso de putrefacción consume una gran cantidad del oxígeno disuelto y las aguas dejan de ser aptas para la mayor parte de los seres vivos. El resultado final es un ecosistema casi destruido.
En buen castellano, la sobrepoblación de algas en este mar es consecuencia de la infiltración de aguas residuales. Y la abundancia que existe en la orilla de este balneario es la mejor prueba.

TRATAMIENTO
No es la panacea, pero es una alternativa de solución. Ecofuturo presentó la propuesta de un proyecto a fin de que sea considerado en el Prepuesto Participativo 2008 del Gobierno Regional de Áncash. El presidente de esta organización, Hermes Carvajal Cribillero, señaló que puede hacerse el reuso de las aguas residuales de “Las Gaviotas” en la reforestación con plantas de eucalipto.
“Se trata de la recuperación de 500 hectáreas de terrenos eriazos de la pampa Anconcillo para actividades forestales”, señaló Carvajal.
“El eucalipto actúa como bomba de agua para extraer la mayor cantidad de agua de la napa freática, evitando el afloramiento y la salinización, así como la extracción de nutrientes orgánicos, a fin de evitar la eutrofización. En ocho años se podría iniciar el primer corte”, planteó.
Para Carvajal, esto no demandaría mucha inversión e incluso el mismo municipio de Nuevo Chimbote podría implementarlo. Las autoridades tienen la palabra.

La cruz de Bambarén



El apóstol que yace arrodillado junto a Jesús, a su izquierda, es la viva imagen del obispo emérito de Chimbote, monseñor Luis Bambarén. Y él lo reconoce.
Monseñor, sin pretenderlo, estás en medio de la tormenta, esa que empezó a soplar fuerte cuando la moderna y ansiada catedral de la Diócesis de Chimbote abrió sus puertas por primera vez para recibir a la feligresía católica. Monseñor, has tratado de desvirtuar la imagen de vanidoso, pero esa figura te seguirá quizá por muchos años de tu vida. Monseñor, tu gran obra no será recordada por su inobjetable belleza, sino, tal vez, por esa pintura que tú aseguras nunca ordenaste, pero sí consentiste.
Monseñor, has dicho que tú fuiste el primero en ser sorprendido cuando el obispo Francisco Simón Piorno te la enseñó por primera vez, pero la duda sigue tan presente como tu retrato en la catedral.
Monseñor, estarás cansado que todos hablen de ese famoso retrato. Monseñor, te has convertido en noticia, ya no por tus opiniones, sino por ese retrato. Monseñor, has dicho que te resbala todo lo que digan de ti, pero siguen hablando.
Monseñor, has dicho hasta la saciedad que tu imagen en el ábside de la catedral fue un regalo de los artistas en honor a tu persona como gestor de la impresionante obra, pero muchos no te creen.
Monseñor, has comentado con sonrisa amable que el retrato es de tu total agrado porque estás a los pies de Jesucristo, cuando le encomienda su divina misión a Pedro el apóstol.
Monseñor, esa imagen ha llegado hasta internet. Un anónimo internauta, con una clara intención a desmerecer tu labor, ha colocado ese retrato en la página web YouTube y te ha criticado con palabras inconcebibles.
Monseñor, el escándalo no ha acabado ahí. Caretas, la revista semanal, se ha encargado de divulgar con fotografías elocuentes ese “regalo” de los artistas.
“A Imagen y Semejanza”, titula la revista. Y no exagera. Tú foto, sonriente, es idéntica a la imagen del ábside, la del apóstol con anteojos y arrodillado a la mano izquierda de Cristo.
Monseñor, el ex presidente de la Asociación Cívica Chimbotana, Juan Armijo, le ha dicho a “Caretas” que tú traficas con la fe de tu pueblo y por ello deben borrar tu imagen. Monseñor, el padre Bertino, en cambio, considera que te mereces el retrato.
Monseñor Luis Bambarén Gastelumendi, la polémica ha tocado tu puerta y ese retrato, sin pretenderlo, será tu pesada cruz.

Para ti, mamá


Mientras redacto esta nota, pienso en lo que habrá hecho mi madre todo el día: limpiar la casa, prepararse su desayuno, mirar de reojo a mi padre, ver su programa de televisión. Habrá tomado un breve descanso o quizá leído la revista Vanidades, seguro estuvo apurada para hacer el almuerzo para mi hermano mayor. Dos horas habrá tomado una siesta y si no ha salido al centro de la ciudad, llamó a sus ex compañeras de trabajo para acordar la próxima reunión de su asociación.
Pienso en aquellas veces que no cerró un ojo toda la noche porque trabajaba de guardia en la sala de Emergencia del hospital regional. Aun así, pese al cansancio, regresaba a casa sin un gesto de fastidio para prepararnos el desayuno, plancharnos el uniforme y mandarnos al colegio.
A veces pienso que nunca podré retribuirle todo lo que hizo. Es imposible hacer esta nota sin pensar en mi madre, Consuelo. Y aunque muy pocas veces le he dicho que la quiero, es imposible no decirle gracias.
Como ella, las madres del Perú y el mundo recibirán el abrazo de sus hijos. Así lo espera Martha Céspedes Muñoz cuando llegue a su casa, en Casma, tras una semana de arduo trabajo. Es una mujer de armas tomar, pero se declara demasiada condescendiente en su hogar. Es padre y madre.
Quienes husmeamos a diario en las dependencias policiales, la reconocemos rápidamente. Labora en la Comisaría de Chimbote desde hace tres años y al menos dos veces al día tiene que lidiar con pandilleros, violadores, estafadores, delincuentes, meretrices. La brigadier PNP, miembro de la Sección de Investigación de Delitos y Faltas, confiesa que no cambiaría por nada el trabajo operativo por las labores administrativas.
Su escritorio está lleno de atestados. Sobre su computadora hay una rosa roja y se da los últimos retoques para participar en la ceremonia de homenaje al Día de la Madre. Pocas veces utiliza el uniforme verde. Su condición de mujer no es impedimento para dejarse ‘pasear’ por los delincuentes a los que toma su manifestación.
La brigadier Céspedes sabe lo que es el sufrimiento de una mujer. En la Sección de Familia, en la comisaría de Casma, conoció casos que a más de uno le sacudiría el cuerpo, pero nunca declinó. Recuerda que una vez, vestida con el uniforme de la institución, fue a una cantina de mala muerte para exigirle a un mal padre que antes de perderse en el alcohol primero dé el dinero para la alimentación de sus hijos. Avergonzado, el sujeto sacó todo su plata y le dio todo a la madre de sus tres niños, que acompañaba a la policía.
Martha Céspedes dejará unas horas de ser la brigadier de inquebrantable carácter para convertirse en una madre consentidora. Hoy, además, celebra el cumpleaños número 8 de su hijo Daniel.
Tan consentidora como firme es Magda Angaspilco, trabajadora del Servicio General del hospital La Caleta. Le preguntamos qué haría por su única hija, Inés (10), y ella nos dice que qué no haría por ella. “Trabajo en dos turnos: mañana y noche, y es muy cansado, pero vale el sacrificio. Uno cría a sus hijos sin pensar que algún día te lo retribuirán. Y si me paso muchas horas acá, en el trabajo, es porque quiero darle lo mejor a mi pequeña”, refiere. También es padre y madre.
No sabe si hoy va a cocinar o salir con sus padres, quienes cuidan a su hija durante su ausencia, a comer a un restaurante. Lo importante es que va a estar con ellos, todo el día. “La sonrisa no tiene precio”, dice Magda.
Lo mismo asegura Pamela Miranda al ver la sonrisa de su pequeña Yanelli, su segunda hija de 18 días de nacida. La periodista tiene tres meses de licencia y el próximo 10 de junio se reincorporará a su labores en un diario local. Mientras tanto, disfruta al máximo la compañía de su niña.
Pamela divide su tiempo entre entrevistar a autoridades y dirigentes renegones y ‘chamulleros’ y revisar las tareas de Maricielo, su primogénita. Por la tarde, redacta y en la noche atiende a su esposo.
“Es una nueva experiencia que asumo y lo hago con mucho amor. Mis hijas me cambian la vida y no sé cómo voy hacer cuando me separe unas horas de mi pequeña. La voy a extrañar, pero por ella estoy trabajando, por mí, por mi desarrollo profesional”, enfatiza Pame, como la conocemos.
Magali Luján Acevedo es madre de tres varones y dice que son terribles. Tiene miedo que jueguen a la pelota en la sala de su casa porque siempre le rompen las lunas. “Pero es parte de ellos, típico de su edad, juguetones. Ellos son mi esperanza y tengo mucha fe en que serán grandes. Estoy poniendo todo de mi parte”, cuenta.
Vende diarios y revistas de 8 a 11 de la noche en su quiosco de la quinta cuadra de “Alfonso Ugarte” y está a punto de inaugurar una cabina de internet. Ya es una empresaria.
Mientras se arregla el cabello y pide que salga bien en la foto, Magali comenta que al mediodía, cuando sus menores hijos salen del colegio, les revisa sus tareas. Sonríe bastante. Hoy piensa celebrar el día y salir a bailar.

Asediados por la contaminación


Además de soportar los malolientes y tóxicos humos de las pesqueras, Chimbote está a merced de un parque automotriz compuesto por unidades con más de 20 años de funcionamiento que prestan servicio de transporte público

No recuerdo la cantidad de veces que he caminado por ahí, pero a partir de este momento creo que iré con una mano al bolsillo y la otra en la nariz, al menos hasta que suba a mi colectivo –de preferencia un carro nuevo- o estar bien lejos de esa ajetreada y malsana calle. No quiero pecar de exagerado ni ser alarmista, sin embargo a otra precavida reacción no puedo llegar después de leer el extenso informe del consejo ambientalista.
Lo hago por mi salud. Porque no quiero exponer mi sistema respiratorio por la simple despreocupación de un conductor cuyo carro entró en circulación antes de que yo naciera. Esos ‘ochenteros’ autos que fungen de colectivo están matando poco a poco mis pulmones y lo seguirán haciendo por la sencilla razón de que nadie se atreverá a tomar acciones en el corto plazo posible y porque seguro volveré a cruzar por esa calle.
Un especialista en salud al que consulté me explicó que, más allá de las buenas intenciones del periodismo de poner en agenda un tema tan manoseado como la contaminación, las leyes en el Perú están hechas para todos menos para defender al ciudadano de a pie, como a este periodista.
Vayamos al informe. Tratar de descifrar detalladamente el significado del dióxido de azufre, sulfuro de hidrógeno, el material particulado u otro elemento que se repite en cada renglón del documento, sería explayar demasiado. Por eso iré a las consecuencias, a los daños que ocasionan el inhalar inconscientemente el humo negro que expulsan cada segundo cientos de colectivos y combis que circulan entre la tercera y octava cuadra de la avenida José Gálvez.
El informe de la Cooperación Técnica entre el Consejo Nacional Ambientalista (Conan) con el apoyo de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (el cual fue alcanzado a la ONG Natura) revela el incremento de unidades de transporte público en los últimos tres años como consecuencia de la crisis social que afronta el país.
Para ser más exactos, los autos casi obsoletos fueron reparados para ponerlos como colectivos en la urbe. Su tiempo de vida concluyó hace rato, pero la necesidad hizo que los revivan. Hasta el 2003, el parque automotor fue de 17.503. La cifra, cuatro años después, supera los 23 mil. De esta cantidad, 7.500 sirven para el transporte público. De ello, el 60% consumen combustibles.
El dióxido de azufre es el principal elemento que expulsan por los tubos de escape las unidades antiguas. Esta sustancia, además de amenazar la salud de quienes sufren de asma y bronquitis crónica, es causante de enfermedades pulmonares, cardiacas y epidemiológicas por la acumulación de la misma.
Tampoco hay que dejar de lado el monóxido de carbono y el oxido de nitrógeno, dos elementos también sumamente nocivos para el sistema respiratorio y la piel. El informe señala que las constantes variaciones de los costos de combustible y el tipo de uso que se le da al vehículo, origina que el consumidor opte por combustibles mas baratos y de parecido rendimiento, sin fijarse en los problemas que puede ocasionar al funcionamiento de la unidad.
La saturación de las vías principales es la primera causa para que las unidades contaminen determinados sectores. Desde la quinta a la sétima cuadra de la avenida José Pardo, decenas de colectivos se estacionan con el motor encendido quemando combustible y emanando gases tóxicos. Lo mismo ocurre en “José Gálvez”.
En la “Florida” y casi todo el trayecto de la avenida Enrique Meiggs es mucho peor. Por ahí circulan colectivos, ómnibus, tráiler, camiones, camionetas y otros vehículos menores.
Hasta el 2005, las oficinas de Estadística y Procesamiento del hospital Eleazar Guzmán Barrón, La Caleta y los establecimientos de salud de Santa y Coishco registraron un total de 54.285 casos de infecciones respiratorias agudas, mientras que en el 2004, 49.986. Los números hoy en día son muy similares hace dos años.
Esto, obviamente, no puede atribuirse a la contaminación del parque automotor pues también se suman a este problema las emanaciones de las fábricas pesqueras y de la empresa siderúrgica.
Lo más grave de la situación es la concentración del altamente nocivo material particulado (PM10) en “La Florida”. ¿Qué es eso? Son partículas sólidas o líquidas del aire que se forman mayormente por los humos de las fábricas pesqueras, el tránsito vehicular y el polvo de las calles.

PROPUESTAS
Expuesto el problema, el Conan recomienda diseñar un plan estratégico para reducir la saturación vehicular de algunas avenidas y controlar la circulación y permanencia de los vehículos pesados dentro de las mismas.
La construcción de la vía de circunvalación entre Nuevo Chimbote y Chimbote controlaría el ingreso de unidades de transporte pesado y liviano. Los corredores viales alternos dentro de la ciudad sería otra solución.
Pero lo más elemental son las revisiones técnicas de las unidades con más años de funcionamiento. Un carro con 20 años de antigüedad es una fuente móvil de contaminación.
La directora de la ONG Natura, Marielena Foronda, exigió al municipio a implementar el nuevo plan de rutas y pedir a las empresas de transporte el acomodamiento de la flota automotriz.

“Partículas se acumulan el sistema respiratorio”
El otorrino laringólogo Ernesto Caman Arroyo está convencido que los casos por enfermedades respiratorias ocurren en gran medida por los humos contaminantes de las fábricas y el parque automotor. “No tengo la estadística oficial ni puedo asegurar que todos los casos fue por la contaminación ambiental, pero este factor incide bastante. Desencadena en crisis alérgicas, asma bronquiales, sinusitis”, refirió.
“El óxido de azufre y nitrógeno son elementos perjudiciales, producen la inflamación de las vías respiratorias e incluso pueden generar paros cardiacos, todo por la acumulación de estas partículas en el sistema respiratorio”, agregó.
El galeno consideró que la alternativa de solución la tienen las autoridades municipales y de salud dictando normas de control y previsión.

“En el sector público se relajan y en el privado explotan”


Controversias. Director regional del Trabajo cuestiona que en el Estado se haga un hábito las huelgas mientras que en el régimen privado se viole los derechos laborales

El trabajo en el Perú es bastante paradójico y hasta contradictorio. Hay quienes lo tienen y por el hecho de sentirse estables, no se superan ni quieren hacerlo. Otros, con deseos de crecer, son explotados y relegados. Los primeros son renuentes a cumplir las órdenes al pie de la letra y, casi siempre, tratan de sacarle la vuelta al trabajo. Los segundos, en cambio, están sujetos a un régimen estricto que muchas veces no compensa todas sus horas de dedicación.
El director regional del Trabajo, Julio Torres Cobián, comenta sobre este fenómeno que involucra al sector estatal y privado, así como el nivel de informalidad que existe en Chimbote y en el Perú a propósito de la celebración del Día del Trabajo.

Muchos trabajadores del sector público constantemente convocan a paros y huelgas, pero son los últimos en respetar las reglas de trabajo.
Hay mucha contradicción en ello, pues este sector va por un lado y el privado por otro. En el público se cumple siempre al límite la jornada laboral y en el privado se sobrepasa.
¿No será por la mano blanda en el Estado?
Depende de la empresa o institución si aplica estrictamente el reglamento, pero muchas no lo hacen.
Lo curioso es que siempre hacen huelgas pero igual cobran por el tiempo no trabajado
Cuando hay una paralización o huelga luego viene el acuerdo entre el sindicato y la administración de la institución, llegándose a un acuerdo llamado “compensación”, que consiste en hacer una sobre jornada después de las ocho horas hasta compensar las horas no laboradas. Eso se ha hecho costumbre en el sector público.

¿Pero igual cobran el tiempo no trabajado?
Hay un acuerdo para completar la jornada no laborada. Pero en lo que no estoy de acuerdo es que eso haga en el sector Educación; vaya a saber si el maestro cumplió con hacer esa sobre jornada. En este sector no debe haber compensación, porque el alumno no puede estudiar más allá de seis u ocho horas, eso es absurdo. Y si programan otros días, como sábado o domingo, las clases deben ser a las 8 pero llegan a las 10. Nadie les controla. Como precedente debe aplicarse el descuento: el que no trabaja no gana.
Sin embargo, el SUTEP al final siempre gana
No estoy contra la huelga, pero no creo que cumplan con la compensación. Y eso es un aspecto que debe regir el mismo ministerio, ser más drásticos, poner un precedente.

Hay trabajadores que se consideran “intocables”, pues si el Estado anuncia una evaluación, rápidamente convocan a la huelga, como el SUTEP
Ya se ha hecho una costumbre o un hábito de convocar a la huelga y luego, cuando las aguas se calman, buscan la “compensación”. Eso es siempre. Para ser drásticos, no debe pagarse cuando no se trabaja y anular esa “compensación” a ver si les gusta.

Es paradójico pues mientras en un lado existe relajo, en el otro, en el privado, se abusa
Cierto. He visto en muchas inspecciones que se trabaja en condiciones pésimas, como en las fábricas conserveras, donde las trabajadoras caminan sobre la sanguaza sin las botas, o en Siderperú que utilizan herramientas antiguas e indumentaria de menor calidad exponiendo a los trabajadores. También a los obreros de construcción, a quienes les pagan por terceros y la mitad de lo que deben recibir. Y en el comercio es peor, porque contratan jóvenes por mas de 12 horas y no les pagan ni el mínimo ni dan ningún beneficio.

¿Esto, en gran parte, es culpa de las service?
Exacto. Existe mucha tercerización. Sucede que una empresa contrata a una y esta a otra. Y esta última le paga al trabajador sin ningún tipo de beneficio. Por ejemplo, en las obras; el municipio entrega la licitación a una empresa y esta paga a una contratista, que a la vez contrata a un maestro de obras, quien llama a su gente. Entonces no se reconoce nada al trabajador. En Chimbote hay un alto nivel de informalidad, yo diría en un 70%.

Ahí entra a tallar la Dirección Regional de Trabajo
Pero hay un problema: tenemos solo cinco inspectores para toda la zona costa de Áncash. Son cientos de empresas que se deben visitar. Lo ideal sería unos 18 inspectores, pero estamos haciendo el esfuerzo con los que tenemos.

El presidente Alan García asegura que existe un crecimiento económico, pero eso no se refleja en el nivel de empleo
Yo diría que es un crecimiento gaseoso, pues para que exista el crecimiento económico, debe conjugar el beneficio en salud, educación y empleo. Pero vemos que los presupuestos a estos sectores son ínfimos y viven mendigando por más presupuesto.

Entonces de qué crecimiento se habla
Es un crecimiento ficticio que se desdice de la realidad. Se benefician los más ricos con este modelo neoliberal que hace más ricos a los ricos y pobres a los pobres.
Por lo visto, ¿hay algo qué celebrar hoy?
Tenemos que remontarnos y traer en el tiempo para recordar a muchos grandes dirigentes que no escatimaron tiempo ni voluntad para luchar por mejoras laborales, pero contrariamente en pleno siglo XXI se viven dramas y no se respeta al trabajador, no reconociéndole todos sus derechos. Esto cambiará si existe una legislación laboral. ¿Qué si se cumple las ocho horas laborales? Hay empresas que son concientes de sus obligaciones pero otras, la mayoría, no cumplen la jornada y hacen trabajar horas extras sin pagarle su beneficio. Finalizo esta entrevista felicitando a todos los hombres y mujeres que con su esfuerzo sacan adelante a su familia y su comunidad.



RECUADRO
“…Luego de la huelga viene el acuerdo llamado compensación, que consiste en hacer una sobre jornada después de las ocho horas hasta compensar las horas no laboradas. Pero no estoy de acuerdo que eso se haga en el sector Educación; vaya a saber si el maestro cumplió con hacer esa sobre jornada, primero porque el alumno no puede estudiar más allá de seis u ocho horas. Y si programan otros días, como sábado o domingo, las clases deben ser las 8 pero llegan a las 10. Como precedente debe aplicarse el descuento: el que no trabaja no gana”.

Diga ¡salud! con pisco de Moro


Diversos cronistas como Huamán Poma de Ayala, Pedro Sarmiento de Gamboa, Fray Martín de Murúa, Bernabé Cobo y Pedro Cieza de León acreditan al Perú como referente desde inicios de la Colonia gracias a cultivo de la vid, la elaboración de vinos y del aguardiente que años después llamarían pisco. Su historia nace de un mestizaje que enriquece nuestra cultura y que todos los peruanos reconocemos como parte de nuestra identidad nacional dentro y fuera del Perú.
Desde 1528 se tiene registrado por Cieza de León en “Crónicas del Perú”, la llegada de Francisco Pizarro y su expedición a la desembocadura del río Santa: “….Así los Trece Cristianos, con su capitán descubrieron el Perú”. Según el historiador Benigno Araico Baca en su obra “Historia de Santa” (1986): “Desembarcaron en un tosco bote construido por ellos mismos…hallaron un pueblo con cañas denominado gaucha (actual Santa), Pizarro, viendo al frente los cerros, les denominó Sierra Morena.
Los españoles vieron que la bahía del actual Chimbote era segura para sus frágiles embarcaciones con las que debían regresar a España. Luego, buscando terrenos donde afincarse, encontraron un lugar al que llamaron “Santa Maria de la Parrilla”, pues ahí, en 1531, levantaron una capillita de cañas donde colocaron una estatua de la Virgen de Santa Maria, a la que adornaron sembrando al pie una planta de vid, cuyas parras se extiendieron como enredadera, y como posiblemente era una planta débil, debido al cambio del clima (España – Perú) y los terrenos eran salitrosos, quedaría convertida en “parrilla”. Posteriormente llamaron al lugar Santa. Cieza de León confirmo la existencia de viñedos.
Los indios de Gaucha producían uva y hacían aguardiente de uva que llevaban a Panamá. Los manantiales o puquiales, originados por las filtraciones y estancamiento de las aguas de los desbordes del río Santa, desestabilizaron el aprovechamiento de las tierras orientando la preferencias de los españoles hacia las inmediata y fértiles tierras del valle de Casma y de Nepeña (Áncash), donde se ubicaban los pueblos de Motocachy y Moro.
Es así, que entre Santa y Moro hay unas 12 horas de camino a pie, y no tardarían en llegar los españoles con sus plantas de vid, por su costumbre de acompañar todas sus comidas con vino, así como por la celebración de la Eucaristía; de manera que la Orden de los Hermanos Dominicos trajeron por primera vez la vid a Motocachy y Moro, para posteriormente ser industrializada por la Orden de los Jesuitas, que tenían un espíritu de practica mas empresarial.
En 1568, arribaron los Jesuitas al Corregimiento de Santa – Nepeña – Moro –Casma –Yautan – Pativilca , ocupando las tierras que conformaban el valle de Nepeña (Ancash),impulsando la producción de caña de azúcar en la Hacienda de San Jacinto, y la producción de vinos y aguardiente en la Hacienda de Motocachy. Con lo que se corrobora, de que la labor religiosa estuvo en toda la colonia asociada a estos cultivos, a través de las haciendas que conducían y de los pueblos cercanos, portadores de bienes y servicios, como lo fue Moro.

Ricardo Palma en sus “Tradiciones Peruanas” ya menciona al afamado “Pisco de Motocachy” como “alborotador quitapesares”, pero en la actualidad es Moro que aún persiste en la tradición, y lo que fue en cuanto a la fama regional y nacional del “Pisco de Motocachy”, ahora es el “Pisco de Moro”, Motocachy aun conserva las botijas “canchanas” con el sello de la Corona Española, además de la centenaria prensa con brazo de algarrobo, con la que exprimían hasta el último jugo de tan preciado “caldo” de los racimos de uva.

En el distrito de Moro el pisco que se produce de manera artesanal, pues la uva no se aplasta con las antiguas prensas, sino se hace con los pies: las personas encargadas se disponen a pisar las uvas, previamente desinfectados con alcohol.
La producción de pisco y vino ha disminuido actualmente en Moro debido a la plaga de la filoxera que les dio a las plantaciones de vid en la época de los 80. Sin embargo, los agricultores de hoy en día vienen nuevamente vienen sembrando y cultivando la vid para que Moro no pierda lo que se ha ganado con mucho esfuerzo, de ser la tierra del buen pisco y vino de la Región Ancash.

La fiesta del pisco

Pese a su alta calidad, el pisco de Moro aún no puede reconocido oficialmente pues según la ley de denominación de origen solo se circunscribe entre los departamentos de Lima y Tacna. Para los morinos, históricamente esto es un atropello a un pueblo identificado desde sus inicios con esta actividad.
En la actualidad hay alrededor de 15 Bodegas que mantienen la tradición de la elaboración del pisco y el vino, resaltando entre los mas importantes productores las familias Bonelli, Gayoso, Gatelumendi, Ángeles, Torres, Suárez, Villegas, entre otras.
En el distrito se ha tomado por iniciativa la organización del Festival del Pisco cada cuarto domingo del mes de julio, ya que en esa fecha se celebra a nivel nacional el Día del Pisco, por lo que este año se efectuara la VI edición del mismo.
Desde su primera edición, en 2000, se realiza en el Estadio Municipal con la colocación de stand donde cada una de las bodegas brinda degustaciones y expendio de esta bebida de carácter nacional. Sin embargo, recién en el 2003, se hace oficial el Festival del Pisco, ya que los regidores en sesión de concejo aprobaron incluirlo en el calendario turístico del distrito.
La exposición se acompaña con la venta de los diversos y deliciosos platos típicos del distrito (cuy, cecina) así como los productos que ofrece esta noble tierra.

De profesión, periodista


Tengo la total certeza que no me equivoqué de carrera. Lo digo porque hay quienes insistentemente me recomiendan que aún estoy a tiempo de estudiar otra profesión o que, en otro de los casos, me consiga un trabajo en alguna oficina de cualquier institución pública porque ahí descansan sábado, domingo, feriados y salen más temprano.
Debe ser verdad, pero mi respuesta es que, si bien ha pasado por mi cabeza incursionar en otra profesión o laborar en otro campo si se me presentara la oportunidad, no me arrepiento de haber pasado cinco años en la universidad estudiando periodismo. No concluí en el primer puesto de mi promoción ni nunca tuve las mejores calificaciones del salón (tampoco era relajado, aclarando) pero sí sabía que lo mío estaba en esta carrera a veces mal pagada, como muchas otras. Pero, reitero, no me equivoqué.
Hace más de dos años, un 6 de enero, vestido con polo azul, jean claro, zapatillas negras deportivas y con esa cara de despistado que suelen poner todos cuando están emocionados por su primer empleo, ingresé a laborar a este diario. Ítalo Jiménez, el editor, me presentó con el resto de compañeros –aunque ya les conocía- y de inmediato me puso a las órdenes de Dante Zapata, “Zaba”, el encargado de Deportes.
Cubrí encuentros de fútbol, básquet; entrevisté a simpáticas voleibolistas y a los futbolistas con su monótona frase “creo que fue un partido difícil…”, pero al cabo de unos meses pasé a Locales, una de las secciones principales en la que, sin embargo, solo estuve un mes porque me pasaron a Policiales. El editor, recurriendo a ese floro que suele dar cada vez que hay nuevos cambios, me hizo creer que reunía todas las condiciones para afrontar ese agitado espacio que diariamente sale impreso en la página 3.
De verdad que me chocó, pero esos abismales cambios en el diario fue determinante para saber que para hacer buen periodismo hay que conocer todos los campos. Se aprende mucho. Como lo aprendí, en su momento, de Dante Zapata, un periodista comprometido con el deporte local.
En La Industria conocí a Carlos Vásquez Llanca, ahora Editor de El Hincha, quien no deja de sorprenderme con los titulares de dos o tres palabras que refleja con precisión ese sentimiento de rabia o alegría que nos da el deporte. Para que esté donde esté, Carlos ha pasado por Regionales, Locales y por Policiales. Cierta vez llegó a la Redacción comentando la noticia de las abejas asesinas, el oso que aterrorizaba a Moro o el perro con cara cerdo. Cosas como esas, jocosas y sacadas de la ficción, fueron tomadas por diarios nacionales, a despecho de quienes se mofaban de su información.
Josué Ibarra es el Editor de Fotografía y, sin temor a decirlo, su trabajo es el mejor en la Región; no tiene nada que envidiarle a los gráficos limeños. Es un fotoperiodista que capta el detalle que otros no ven. Y es que ahí está el secreto. Porque la imagen explica mejor que las palabras.
Por Magnolia Agurto tengo mucho aprecio. Es una periodista que no se casa con nadie. Y lo digo en el sentido estrictamente profesional. Porque no se come ningún cuento de alguna autoridad o un improvisado dirigente. Ella confronta, detalla, pide opiniones, revisa documentos, busca en internet y, finalmente, redacta. Aunque demora un poco más, escribe muy bien. Es la jefe de Informaciones. Magnolia no tolera que alguien quiera hacerle caer con una información tendenciosa. Se lo dice y se va. No se hace problemas.
Shirley Oliva Cueva es la redactora de Policiales. Valgan verdades, tiene muy buenas fuentes y otros colegas suelen llamarla para pedirle uno que otro dato. Hacer este trabajo no es nada fácil. Lo sé muy bien. Recorrer comisarías, hospitales, lidiar con policías, estar en el lugar de los hechos, camuflar los sentimientos ante la desgracia ajena aunque nos aflijamos por dentro, fotografiar pandilleros, asaltantes, homicidas, violadores, en fin…
Luego, tras redactar las notas del día, hay que darse un tiempo para llamar a las comisarías. Aun cuando nos vamos a casa, hay esa sensación de que se nos pasó algo. Shirley reniega cuando la edición ya cerró y no puede cubrir un hecho noticioso. Le ha pasado varias veces.
Como nos sucedió a todos. Ítalo lo sabe, pero toma aire y respira. Estar en la edición no es simple. Le hemos visto renegar pero luego reír. Diariamente se enfrenta a la presión del tiempo, apremio que, no obstante, suele disfrutar porque ese es el trabajo del periodista, de empaparse de la realidad, de saber que hay quienes necesitan ayuda y que nosotros, desde estas páginas, podemos hacer algo; de descubrir a un funcionario malgastando el tiempo o el dinero de todos; de criticar a una gestión que no trabaja o a un alcalde que no cumple su promesa; de educar, entretener y contribuir con una sociedad como la de Chimbote. Todo eso y mucho más.
No puedo terminar estas líneas sin antes decir que me alegra que algunas autoridades nos critiquen, porque si no lo hicieran tendría que pensar que estamos trabajando para agradarles. Y La Industria de Chimbote no está para eso.
Un colega afirmó que debemos entrar al gimnasio para recuperar nuestra belleza y vitalidad, y le damos la razón. Porque no es lo mismo mirar desde adentro que desde afuera.

miércoles, 24 de setiembre de 2008

Sufrir para crecer


Esta es la historia de un muy buen amigo mío. No voy a decir su nombre, pero es el tercero de cuatro hermanos y tiene 27 años, piensa en casarse y ya está haciendo planes. Dice que lo hará dentro de tres años, cuando cumpla 30. Reside en un gran apartamento y está un paso de comprar su casa propia.
Era un poco tímido, de esos chicos que se escudaba siempre tras el grupo cada vez que las cosas queman. Pero hace muchísimos años, siendo adolescentes, fuimos a una chacra a sacar pacaes porque nos moríamos de hambre y porque pensábamos que era mejor guardarlos en nuestros estómagos antes que se pudran en el árbol.
Así, él se trepó al árbol y yo, más cómodo, le esperaba abajo. Pero cuando bajaba, con pacaes guardados en la cintura, el dueño de la chacra apareció y le correteó varias cuadras sin dejar de pegarle con una manguera, tan violentamente que su espalda quedó marcada y su polo manchado de sangre. Lloró como un niño. Por temor a que sus padres le reprendan durmió en mi casa. Esa noche, recuerdo, apenas cerró los ojos y se la pasó mentándole la madre a aquel despiadado campesino.
Al día siguiente regresamos a la chacra, me dijo que le esperara y él sacó una honda con la cual rompió todas las lunas de la casa y huimos tan rápido que nunca nos alcanzaron. Después de aquello lo noté diferente. De la calle pasó de lleno a los estudios, salía poco y era otro tipo. Una vez me dijo que regresaría a esa chacra para increparle al agricultor todo el dolor que le hizo por unos pacaes.
Pensé que esa dolorosa lección lo tomó demasiado a pecho. Sus padres querían que trabaje cuando terminó la secundaria, pero él se negó e insistía en ir a la universidad. Y lo logró. Ingresó en el cuarto puesto de Ingeniería Agroindustrial. En verano consiguió un empleo en una fábrica pesquera y trabajaba de noche.
Cierta vez me invitó a su casa y me comentó todos sus proyectos: que tendría una gran empresa, que sacaría de la pobreza a sus hermanos y sus padres, que saldría del barrio, que tendría una gran casa, que se casaría… A los 22 años, después de ahorrar su dinero, fue al muelle y compró la mayor cantidad de pescado. Invirtió cerca de 1.500 soles. Y ganó 3 mil. Compraba y vendía. Era un tipo increíble, con una capacidad de convencimiento y negociación que me asombraba. En medio año ya había ganado 50 mil soles, dinero con el que se compró un camión de segunda para trasladar toda su mercadería.
Dejé de verle por un largo tiempo. En su cumpleaños número 27 fui a visitarlo a su casa, pero sus hermanos me contaron que vivía solo, en el centro de la ciudad. Nunca lo ubiqué, pero semanas después lo encontré camino al trabajo y acordamos salir en la noche para tomar unos tragos. En un bar hablamos de nuestras vidas. Él tenía una mente dedicada a los negocios. De aquel camioncito viejo no quedaba nada y ahora tiene siete traíler, maneja un capital de medio millón de soles y está pensando en tener una constructora. Después de siete cervezas me confesó que estaba enamorado, que pensaba casarse, pero primero debía cumplir un reto: comprarse una casa.
Hace un mes, cuando regresé a casa de mis padres, le encontré yendo al trabajo. Lucía feliz. Había hecho todas las gestiones para comprarse la casa. En su auto me llevó a verla; cuando la vi me quedé boquiabierto: era la chacra aquella y el campesino que le marcó la espalda con la manguera le vendió a un precio barato, desesperado porque no tenía dinero y porque estaba enfermo.
En estos días tendrá todos los papeles para tener la casa a su nombre y ya piensa en remodelarla. Pero el árbol de pacae, ése que trepó cuando tenía hambre, lo dejará intacto, esperando que algún día sus hijos coman de sus frutos.

(Con)viviendo con el enemigo


En la casa de María del Carmen Polo no hay desodorante o perfume que valga. Han probado de todo y no han podido sacarse de encima ese hediondo olor a harina de pescado que está impregnado en su casa, ropa y cuerpo. Dicen que el humo de las fábricas pesqueras es como un estigma para quienes viven en la “Florida Alta”.
María es una mujer de 38 años y toda su vida la pasó en este barrio afectado por la polución. Si pudiera pedir un deseo, sería que la lleven con sus hijos y su esposo a cualquier otra ciudad para escapar de este lugar.
Sin embargo, ella pisa tierra y no quiere soñar. Ese deseo nunca se hará realidad si no consigue dinero, mucho dinero, para comprar otra casa en otra zona e irse de la sétima cuadra del jirón Huancavelica. Dice que Nuevo Chimbote es el lugar de ensueño, donde su pequeño Carlos Jesús y el niño que lleva en su vientre podrían jugar, comer y dormir sin taparse la nariz o esconderse debajo de una sábana.
María sonríe para la foto, pero la procesión va por dentro. A diferencia de miles de chimbotanos, quienes festejan cuando se levanta la veda y cuando la pesca está en pleno auge, ella y un grupo de vecinos viven días de angustia. Les damos toda la razón.
De solo mirar las inmensas chimeneas y las máquinas de la fábrica de TASA (ex Sipesa), ubicada a solo 15 metros de sus casas, nos imaginamos la gran cantidad de humo que va a parar a sus hogares. María no se lo imagina, María lo vive. Ayer leyó el titular de portada de los diarios y sus temores empezaron de nuevo: la veda se podría levantar.
“Usted no sabe cómo vivimos cuando esas máquinas empiezan a trabajar… Es horrible. Todo ese humo viene para acá y la bulla de los motores es inacabable, día y noche durante varias semanas”, cuenta María mientras deja a su hijo Carlos Jesús dar sus primeros pasos en su sala y se frota el vientre, mirando al niño que en tres meses tendrá en sus brazos.
“No sé qué futuro le esperará. Le daré todo mi amor y protección”, refiere con melancolía. El pequeño Carlos Jesús ahora sonríe con su madre, pero en épocas de pesca, su cuerpecito se llena de granos y sus ojos lagrimean a cada instante. Son las consecuencias del humo de las fábricas.
“Qué voy hacer, a la mala tengo que adaptarme y buscar la forma que este problema afecte a mi familia lo menos posible”, responde resignada.

RESPIRAN LO IRRESPIRABLE
Betty Panta Castro (54) es una vecina de la sétima cuadra del jirón Huancavelica. Se crió en este barrio y sus seis hijos también. Solo uno ha podido comprar una casa en Lima. Mirando al cielo y frotándose el rostro, cuenta que tres de sus seis hijos han padecido alergias, excemas, picazones y enfermedades bronquiales.
“En jornadas de pesca este barrio se convierte en un infierno: nuestras casas y la calle se cubre por un inmenso manto blanco y pestilente”, cuenta.
Betty Panta y María Polo están enteradas del informe que propaló que el Consejo Nacional del Medio Ambiente (CONAM), el cual advierte que la calidad de aire de nuestra ciudad no es aceptable debido a la presencia de elementos contaminantes como el dióxido de azufre, material particulado y dióxido de nitrógeno originados por el parque automotor, la planta siderúrgica y, principalmente, por las fábricas pesqueras.
“Les pediría a esos señores (del Conan) que vivan por acá para darse cuenta de lo que es contaminación. Me alegra que se haya presentado ese informe, pero me parece que debieron decirlo hace muchos años y no ocultarlo para que de una vez las autoridades tomen acciones”, refieren las moradoras.
Gloria Ortiz también está de acuerdo. Su historia es muy similar a la de todas sus vecinas. Por falta de dinero no ha podido mudarse de casa, pero lo poco que ahorra le ha permitido acondicionar su vivienda para evitar que el humo de las pesqueras se extienda en todos los rincones de su hogar.
La señora Gloria explica que a la fuerza ha tenido que aprender a convivir con este pestilente olor. “Es vivir con el enemigo, quisiera irme de esta lugar, pero mi situación económica no me lo permite”, lamenta.
Hoy duerme tranquila porque la industria pesquera aún no enciende sus motores, esas máquinas que le dan trabajo a muchos pero matan lentamente a otros.
El último de los tres hijos de Gloria, de 18 años, padece de asma, una enfermedad bronquial adquirida cuando tenía 9. El tratamiento médico le valdrá poco si sigue respirando ese aire contaminado. La contaminación no solo está en el humo de las fábricas, también lo está en el polvo que sin querer inhala cuando un carro pasa por su casa, en las paredes manchadas por las emanaciones, en la ropa que dejó expuesta demasiado tiempo al sol.
Esmérida López Flores (28) es otra de las entrevistadas. Esta joven vendedora de dulces y frutas aún no entiende por qué su madre se dejó engañar tan fácilmente al comprar una casa en el jirón Lima 788. Dice que la adquirieron a bajo precio. Seguramente los dueños querían deshacerse de ella pero ganando algo. A la espalda de su hogar, se encuentra la planta de TASA
“No pensé que esto iba a ser así. De noche no se puede dormir, me salen granos, mis ojos lagrimean y me pican, no puedo estar tranquila porque el ruido es insoportable”, manifiesta.
Esmérida ya tiene ocho años soportando las fuertes emanaciones, tiempo en el que ha sufrido enfermedades como excoriaciones y bronquitis. Pero ella no es la única. La joven no tiene hijos y asegura que la mayoría de sus vecinos también padecen algún mal como consecuencias del hedor de las fábricas pesqueras.
Sus vidas parecen estar condenadas porque respiran lo irrespirable. Nadie de la “Florida”, “Miramar, “La Libertad”, “El Trapecio”, “27 de Octubre”, “Miraflores” y “San Juan” se salva de los humos y el olor insoportable del procesamiento de la harina y el aceite de pescado que se propaga lenta y nocivamente por estos barrios.
La población que vive en las cercanías de las fábricas pesqueras tiene que aprender a convivir con enfermedades a la piel, males respiratorios y un mar enfermo con los desechos de las empresas procesadoras que convirtieron la bahía El Ferrol en el puerto más contaminado.

La Policia no marcha sobre ruedas


Frente a la Sección de Investigación Criminal (Seincri), una de las unidades claves de la Policía, una camioneta Nissan ploma está estacionada casi todo el día. Los agentes solo lo utilizan para trasladar a los detenidos a la carceleta judicial o al Ministerio Público, sedes bastante cercanas a esta delegación especializada.
La camioneta es usada también para el traslado del personal administrativo y una que otra vez para trasportar a los efectivos a una comisaría del sector. Sin embargo, utilizarla para un operativo o una persecución es algo imposible.
La camioneta ploma tiene más de 20 años de antigüedad y más ha pasado tiempo dentro de un taller de mecánica que persiguiendo a delincuentes. Un auto Tico podría dejarlo a kilómetros de distancia si tan solo pone el acelerador.
Es una realidad que vive la Seincri, por eso los agentes alquilan carros particulares para ejecutar operativos o acciones de inteligencia.
Esto es solo una muestra del actual estado en que se encuentran los patrulleros, motos o autos de propiedad de la División Policial de Chimbote. Nuestro diario acudió a la mayoría de delegaciones y comprobó la pésima situación en que están las unidades y, lo que es peor, que a la fecha no se avizora un nuevo equipamiento de la flota para ninguna de las comisarías.

DOS VEHÍCULOS PARA 33 PUEBLOS
La comisaría 21 de Abril es una de las delegaciones que abarca una amplia jurisdicción. Sus 14 efectivos están al pendiente de lo que pueda ocurrir en 19 asentamientos humanos y 14 pueblos jóvenes como “EL Porvenir”, “Dos de Mayo”, “Santo Domingo”, “La Unión”, “La Esperanza”, “Miramar Bajo”, “El Carmen”, así como centros poblados como Cambio Puente, Tangay, 14 Incas, Rinconada, entre otros.
La Policía estima que en todas estas zonas aproximadamente habitan 40 mil personas. Para recorrer diariamente gran parte de las calles, la comisaría requiere, por lo menos, cuatro patrulleros bien equipados con radios y teléfonos Nextel. Sin embargo, todo ello queda en la intención, pues esta delegación, aunque parezca increíble, solo cuenta con un patrullero y un porta tropas o comancar. Sí, como lo lee, solo dos unidades -antiguas por cierto- tiene el “21 de Abril” para el resguardo de las peligrosas calles de “Dos de Mayo”, “La Unión” y “Cambio Puente”.
El patrullero está operativo y el comancar también, sin embargo no están en condiciones para circular por trochas carrozables o pistas sin asfaltar. El portatropa fue repotenciado hace unos 20 años y el otro vehículo hace 15.
“Estas unidades son utilizadas para las labores de prevención, pero de producirse una persecución no podríamos hacer nada porque nos sacarían ventaja”, comentó un agente del “21 de Abril”.

ALTO PERÚ
En esta delegación la situación aún es más alarmante, pues pese a estar ubicada en una de las jurisdicciones más agobiadas por el pandillaje y la delincuencia común, solo cuenta con una camioneta blanca de 15 años de antigüedad, la cual a las justas puede arrancar unos kilómetros.
“Alto Perú” fue atacado hace un año por pandilleros en represalia porque los agentes capturaron al líder de a pandilla “Los Torontos”. Los efectivos persiguieron a los delincuentes en Ticos alquilados pues le era imposible utilizar la camioneta para perseguir a los malhechores. Por enésima vez, ayer este vehículo estaba en reparación.
El mismo drama se vive en la comisaría La Libertad, que también cuenta con solo una camioneta para una población de 30 mil habitantes. Esta unidad fue asignada hace 18 años. Los policías refieren que está operativa, pero ese es solo un término que utilizan para decir: “arranca, pero hasta ahí nomás”.
En “San Pedro” la cosa sigue igual. En una zona azotada por el pandillaje y los asaltos al paso hay una sola patrulla que nada puede hacer de darse una persecución. Este vehículo, con 15 años de antigüedad, constantemente sufre averías.
La comisaría de Chimbote, encargada del resguardo del casco urbano, “El Acero”, Bolívar Alto”, entre otros pueblos aledaños, tiene un solo patrullero, pero en mejores condiciones. Sin embargo, los agentes consideran que es necesario la dotación de una nueva unidad pues un solo vehículo no es suficiente para tan amplia jurisdicción.
En Nuevo Chimbote el panorama es un poco alentador, pero no deja de preocupar el insuficiente número de unidades, pues la población supera los 100 mil.
La comisaría Buenos Aires cuenta con tres patrulleros en buen estado. La diferencia es que estos vehículos, con 5 años de antigüedad, ya comienzan a sufrir desperfectos mecánicos debido al excesivo uso, pues las unidades recorren una extensa zona.
“Están divididos en tres zonas: San Luis, Las Brisas y Ppao, sin embargo tienen que cubrir otras áreas como Tangay Bajo, Bellamar, Garatea, lugares amplios. Por lo menos en esta jurisdicción deben haber unos 6 patrulleros”, refirió un efectivo.
La situación no solo es preocupante en las comisarías de Chimbote. También lo es en las unidades especializadas. El Departamento Antidrogas (Depandro) cuenta con una camioneta y una moto en mal estado. Lo mismo sucede en la Dirección de Seguridad del Estado y el Departamento de Robo Vehicular, ambos con una solo motocicleta. La oficina de Inteligencia solo tiene un auto viejo y una moto en iguales condiciones.
La Policía de Tránsito trabaja con 13 motocicletas antiguas y la Unidad de Servicios Especiales con 2 porta tropas.

LA OTRA CARA
Pero no todo anda mal en la Policía. El Escuadrón de Emergencia y las Águilas Negras son las únicas unidades que han renovado su flota. La primera opera con 6 unidades en buen estado y la segunda ha mejorado el resguardo de las entidades financieras luego que la Asociación de Bancos (Asbanc) donara tres motos totalmente equipadas y una moderna camioneta.
Aun cuando estas unidades han mejorado, el resto de las delegaciones carecen de vehículos y casi nada aportan para combatir a las bandas organizadas que cada vez se desplazan en modernas camionetas robadas.

El sueño de San Pedro


“Tú, has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos, tan solo quieres que yo te siga. Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre. En la arena he dejado mi barca: junto a Ti buscaré otro mar…”

Yo fui de carne y hueso como todos ustedes; fui pescador pobre y nadie daba medio pelo por mi; mis redes estaban viejas de tanto coser; mi barca, apenas podía sostenernos en el lago Genesaret; mi hermano Andrés decía que un día llegaremos lejos, pero yo replicaba que seguiría en la pobreza y la mediocridad.
Yo era rudo y hablaba con coraje, quizá por la rabia de saber que todos los días sería igual. Lo que ganaba me servía para emborracharme; si sobraba, le daba a mi mujer. Vivía con mi suegra en la aldea de Betsaida, en la región de Galilea. Me gustaba pelear y enfadar a los demás.
Si me buscaban, me encontraban. No soportaba reproches; mi mujer sufría de martirios y yo nunca la comprendí. Vivía mi propia vida, sobre el lago y mi barca. El alcohol ayudaba a ahogar mis penas. Nadie me iba a cambiar; solo mi hermano insistía para predicar el evangelio con Juan el Bautista, ese hombre que bautizaron en el río Jordán.
Lo escuché por cansancio. Dios estaba con todos, menos conmigo, decía. Un día, una extraña sensación me escarapeló el cuerpo. Era de día. Un hombre, de unos 30 años, cabellos largos y castaños y barba crecida, se acercó a mi a mi y me dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas (que se interpreta como Pedro).
Yo no lo oía, lo escuchaba. Dios se acordó de mi, era su hijo. Señor, me has mirado a los ojos; no has buscado ni a sabios ni a ricos, tan solo quieres que te siga. Yo, pescador, en la arena dejaré mi balsa y junto a Ti, buscaré otros mares.
Señor, los hombres te han crucificado, perdónalos, no saben lo que hacen. Tu palabra siempre estará conmigo. Viajaré por todos los mares y te prometo, Señor, que los guiaré y les enseñaré tu palabra.
El viaje fue largo y no recuerdo cuándo ni cómo llegué a una hermosísima caleta, de mar tan azul como el cielo y arena tan suave como tus sentimientos.
Era maravilloso. Unas barcas viejas como la mía reposaban sobre su mar. Sobre ellas, dos pescadores jóvenes sacaban su riqueza. Hablé con ellos y, tímidos, me comentaron sus esperanzas. Decían que esta caleta será un día un gran puerto, con gente buena y trabajadora, con industrias limpias que darán empleo a sus hijos y su futura generación. Soñaban como niños. Señor, haz que su deseo se haga realidad.
Caminé para visitar a su gente y conocer su ciudad. Habían pocas casas, la actividad giraba en torno a la pesca artesanal, como en mi tierra. También habían enormes campos de cultivo de maíz y camote. Me parecía perfecto y decidí quedarme un tiempo por acá. Me emocionaba pensar en el futuro de esta linda caleta.
Una noche, después de una larga caminata, me eché a dormir sobre la arena, frente al mar azul. Estaba tan cansado que mi sueño fue largo, pero aterrador.
Soñé que los dos jóvenes pescadores ya no estaban sobre sus barcas. El mar no era azul sino negro; ya no había la arena blanca sino enormes piedras que defendían una ciudad de la furia del mar. Lo que era peor, unos enormes fierros se ensañaban con el cielo arrojando inmensas humaredas blancas. No entendía lo que pasaba. Las lanchas fueron cambiadas por monstruosos barcos depredadores.
Las calles estaban llenas de gente. Cuando pregunté por qué dañaban al cielo y por qué mataban nuestro mar, todos me respondían mal. “Es el progreso”, decían unos. “Gracias a ello hay pan en nuestras mesas”, afirmaban otros.
Seguí mi camino sin rumbo por la orilla y no dejé de sorprenderme cómo arrojaban sin parar aguas negras y pestilentes al mar, muy cerca donde jugaban niños descalzos y desnutridos. No podía creer que sobre ese sucio mar unos pescadores estaban sacando peces para comer y vender.
Desesperado y aturdido caminé hacia el oriente creyendo que la cosa sería otra, pero me equivoqué. Era igual o peor. Tres muchachos fumaban angustiados y frente a ellos una pobre mujer era asaltada sin piedad. Con cuchillos y una extraña escopeta –trampera le dicen ahora- huían los agresores.
Quería despertarme y no podía. Morros de basura en las esquinas, gente alimentando este nauseabundo desperdicio, orinando a vista y paciencia de todos. Un anciano me dijo que no le tomara importancia porque eso era cuestión de todos los días. Antes de partir me advirtió que tomara otro camino porque por ahí asaltaban y no había policías que me defiendan.
Me detuve un momento para meditar qué había pasado. De pronto, un jovencito trepado sobre un carro me gritó irrespetuoso: “si no vas a subir muévete tío, que no dejas subir a la gente”. Dicen que son las combis y que por una ‘quina’ arriesgan la vida de sus pasajeros.
No podía imaginar cuánto creció la ciudad. Caminaba sin parar hasta llegar a una plaza. El sol era muy fuerte y me senté a reposar en una banca; no pasó mucho tiempo y una mujer robusta y de fuerte perfume se acercó y me susurró en el oído: “Para ti, son 10 soles”.
Las horas pasaron y ya era de noche. Me extrañaba ver a esos jóvenes vestidos con ropas de mujer; o a esos adolescentes atacándose sin razón, con cuchillos y armas de fuego. Les dicen pandilleros.
Mientras todo eso sucede, el humo de las fábricas seguía matando a la gente. Quise hablar con los dueños de estas empresas, pero me dijeron que no vivían en esta ciudad, que habitaban con toda su familia en una lujosa casa de Miraflores, en Lima, y que solo llegaban para cobrar su dinero.
Señor, entré a un templo para pedirte que me expliques qué había pasado. Mientras oraba, escuché cuando una pareja de esposos te pedía ayuda porque sus problemas personales los agobiaban, pero miraban con desprecio al pobre niño que solo quería venderles caramelos para comer.
Era 29 de Junio y un mar de gente alzaba una imagen de yeso poco parecida a mi. Me adoraban y pegaban dinero sobre el traje. Al preguntar quiénes eran estos señores de relojes y collares dorados, me dijeron que eran los dueños de las fábricas. Veinte soles era el precio que pagaban por contaminar el ambiente y matar a mi gente.
Después llevaron la imagen sobre un bote y la obligaron a pescar. Dicen que los 12 meses siguientes serán buenos si la pesca de hoy también lo es. No sé que decirles. Pobres ustedes, piensan que esa efigie me reemplaza y le piden mi bendición, incluidos a esos empresarios que destruyen mi mar.
No pude soportar más y desperté asustado. En verdad fue una terrible pesadilla. Una hermosa caleta como esta no puede convertirse en todo eso. Esta caleta será una tierra de promisión, donde empresarios y trabajadores luchen por un futuro beneficioso, sin opresión de uno ni beneficio de otro. Esta caleta la llamaré Chimbote. Ustedes, jóvenes pescadores, construirán sus esperanzas y cosecharán sus triunfos.

Cuando la carga se hace pesada


Cuando “Lucho” asegura que tiene una carga pesada, no exagera. Dice una gran verdad. Porque, para ayudar a su familia, este joven se parte el lomo cada mañana sin medir que algún día su cuerpo pagará las consecuencias de hacer tamaño esfuerzo para ganarse la vida. A sus 18 años –aunque parece de 25- ya conoce lo que es el fuerte dolor de espalda. Y todo por llevarse unos 15 a 20 soles al día.
Hablarle de vacaciones, CTS, horas extras, seguro u otro beneficio laboral es mofarse en su cara, pues lo único que conoce este joven es trabajar duro para ganar de sol a sol hasta que el mercado El Progreso luzca despoblado. A veces trabaja ocho horas, otras cinco o nueve, no importa. Lo que a él le vale es conseguir la plata. Y por cada saco, gana 0.70 céntimos.
Pero Luis Castillo Campos tiene otras metas. Lo de estibador y triciclero es solo un trabajo temporal, aunque no sabe cuánto tiempo más seguirá cargando sacos de hasta 70 kilos. Quizá hasta que su columna le diga basta. “Lucho” quiere estudiar y está juntando de a poquitos.
“Tengo que salir de este trabajo, pero ahora me es difícil”, dice brevemente porque no tiene tiempo para conversar. Le esperan unos 20 sacos de papas, cada uno de 50 kilos, que debe llevar, primero, sobre sus espaldas y, luego, en su triciclo por más de dos cuadras. Y no se queja.
Walter Acuña Lizardo (42) duró cuatro años trabajando de estibador en “El Progreso”, tiempo suficiente para darse cuenta que tenía que parar si quería seguir caminando sin ayuda de un bastón. Se le ve bastante serio cuando dice que, en su juventud, cargaba hasta 200 sacos al día, de 6 de la mañana hasta las 3 ó 4 de la tarde.
Ahora, Walter es comerciante de papas, sin embargo el levantar y llevar sacos todavía es parte de su rutina, pero en menor intensidad. Si antes cargaba 200, hoy apenas unos 5 ó 10 para acomodarlos en su negocio. “Es un trabajo que te mata de a pocos y no recibes nada a futuro. Todos acá vivimos del día a día, de la habilidad en el trabajo, de exponer nuestros cuerpos. Y se gana de sol en sol”, comenta Walter, quien también dedicó algunos años de su vida como triciclero.

TRICICLOS CON PLACA
Le parecerá una broma, pero no lo es. Si los tricicleros no registran plenamente su vehículo de trabajo, entonces están expuestos al decomiso de sus unidades ¿Y quién se encarga de semejante incautación? Pues el personal de la oficina de Transporte del municipio provincial. Así como sancionan a los colectivos o combis que no cuentan con tarjeta de circulación, también le aplican la misma sanción a estos vehículos que funcionan a puro pedal.
Por eso, el triciclo de Isaac Crisanto Bonifacio (53) ya está totalmente formalizado: RD 9900, se lee en la parte posterior. “Es que siempre hay operativos y ya una vez me decomisaron, teniendo que pagar 3 soles y luego hacer un papeleo que te quita todo el día”, cuenta, agregando que anualmente paga 20 nuevos soles por derecho de rodaje, además de otros pagos por tarjeta de control y circulación.
“El municipio nos exige formalizarnos”, agrega este triciclero con 20 años de experiencia en el “rubro” y que aún a su edad le da duro todos los días para ganarse la vida, trabajo que le ha permitido sacar adelante a sus tres hijos, hoy ya mayores de edad.
Su jornada empieza a las 6 de la mañana, aunque algunos días suele llegar a las 8. “Si conoces el negocio puedes llevarte 20 soles, pero si eres nuevo haces unos 10 soles. Todo es habilidad, pero trabajas todos los días y si descansas no ganas”, refiere Isaac.

PA’ TRABAJAR NO HAY EDAD
Aunque dice que solo ayuda a su hija, lo cierto es que Cirila Milla Ramírez (73) no ha parado un solo año de trabajar y no lo hará mientras las fuerzas le acompañen. “Vendiendo es mejor que estar sentada viendo televisión”, comenta la anciana vendedora de papas que encontramos en el mercado El Progreso. Como había paro de transportistas, ese día no tuvo muchas ventas.
Los viernes, sábado y domingo son sus días preferidos porque hay mayor venta. “Otros días son menos cansados, pero ganamos poco”, lamenta sin importar que los años de trabajo le han pasado la factura y su débil cuerpo ya está pagando las consecuencias de una chamba que no paga horas extras ni seguro pero que le dignifica el alma.
Ellos, que no figuran en las estadísticas de la Población Económicamente Activa (PEA), forman parte de un sector informal que no conoce de ningún beneficio, pero que a base de esfuerzo y con mucha dignidad han sacado adelante a su familia. Para ellos un merecido homenaje.